Cuando la fortaleza significa saber cuándo hacer una pausa

Cuando la fortaleza significa saber cuándo hacer una pausa
Por Lucy Castillo

Existe una versión de la fortaleza que se ve productiva, enérgica y en constante movimiento.
Y luego existe otro tipo: más silencioso, menos visible, pero mucho más decisivo.

2025 me enseñó la diferencia.

Desde afuera, mi trabajo siempre ha requerido estructura, disciplina y fiabilidad. Al trabajar de cerca con personas de alto perfil, familias y entornos donde la privacidad no es opcional sino esencial, he aprendido que la estabilidad no se crea con el movimiento constante, sino con la claridad.

Este año desafió esa creencia de maneras que no esperaba.

Un año de intenciones y realidad

Comencé el 2025 con planes ambiciosos. Iniciativas benéficas, proyectos comunitarios y metas profesionales alineadas con mis valores y con mi deseo de retribuir, tanto en el Perú como en el Reino Unido.

Pero a principios de año, mi cuerpo me obligó a tener una conversación diferente.

En febrero, me diagnosticaron perimenopausia. Lo que siguió no fue dramático, sino sutil y persistente: una pérdida de energía, mal descanso, niebla mental y una desconexión del entrenamiento físico, que para mí siempre ha sido una base de equilibrio y disciplina.

Cuando tu trabajo depende de la presencia, la precisión y la regulación emocional, perder ese ritmo interno lo cambia todo.

La salud no es un detalle: es la estructura.

Uno de los aspectos más incomprendidos de trabajar en entornos exigentes y de alta responsabilidad es este: el rendimiento y la salud son inseparables.

No importa lo disciplinado que seas.
No importa cuán comprometido esté.
No importa lo fuerte que parezcas.

Sin estabilidad física y emocional, nada funciona correctamente.

El 2025 me obligó a recalibrar, no porque quisiera, sino porque tenía que hacerlo. Pospuse proyectos, cancelé eventos y redirigí mi energía al tratamiento, la recuperación y la recuperación de la constancia.

No era cómodo
Pero era necesario.

Aprender a priorizar sin culpa

Este año me enseñó algo esencial: priorizarte no es egoísta, es estratégico.

Durante años, mi trabajo ha girado en torno a apoyar a otros: gestionar la logística, anticipar necesidades, proteger la privacidad y crear entornos donde las personas puedan rendir al máximo.

En 2025, apliqué ese mismo estándar de cuidado a mí mismo.

Hubo momentos de fatiga emocional, breves periodos de tristeza y días en los que la motivación parecía distante. En lugar de presionar a ciegas, me permití reconocer esos momentos, sin dramatizarlos y sin culpa.

Esa decisión cambió la forma en que cerré el año.

El crecimiento no siempre parece expansión

No todo el progreso es visible.

A veces, crecer significa postergar buenas ideas para proteger otras mejores, elegir la recuperación antes que la exposición, afinar el enfoque en lugar de multiplicar proyectos y comprender que la alineación no siempre sigue tu calendario.

Aunque algunos objetivos no se materializaron, otros sí lo hicieron de manera silenciosa. Fortalecí mis límites, afiné mi enfoque profesional y me reconecté con aquello que me sostiene: física, emocional y personalmente.

Por qué esta perspectiva es importante en mi trabajo

Los entornos en los que trabajo no toleran el caos. Requieren inteligencia emocional, discreción, resiliencia y claridad.

Este año reforzó algo fundamental: la capacidad de apoyar a otros —especialmente en contextos de alta presión y alta visibilidad— comienza con la autorregulación. Con saber cuándo dar un paso atrás para que, cuando avances de nuevo, lo hagas con base sólida y en coherencia contigo misma.

Esa comprensión ahora informa todo lo que hago.

Cerrando el 2025 con perspectiva

No veo 2025 como un año de pérdidas.

Lo veo como un año de recalibración. Un año que reemplazó la urgencia por la intención y la presión por la perspectiva.

No me interesa la visibilidad sin significado. Trabajo con personas y marcas que entienden que la confianza, la discreción y la coherencia no son herramientas de marketing, sino valores.

La fortaleza, he aprendido, no siempre consiste en seguir avanzando a toda costa.
A veces, se trata de saber cuándo hacer una pausa, para poder regresar con claridad, estabilidad y propósito.

— Lucy Castillo

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