De Comienzos Humildes a Hogares de Alto Perfil: Mi Viaje como Niñera Internacional

La gente no imagina que una carrera puede comenzar con nada más que coraje, hambre y un boleto de ida.

La mía sí.

No crecí con privilegios.

No vengo de una familia con contactos ni riqueza.

Fui criada por padres trabajadores que me dieron todo lo que ellos nunca tuvieron.

Y aun así, a los 18 años, tomé una decisión que jamás esperaron:

Dejé mi país para ser niñera en Santiago de Chile.

Mi padre —un inmigrante que una vez dejó Ecuador rumbo a Japón para darme una vida mejor— estaba aterrorizado.

Me dijo:

“¿Te vas para limpiar culos ajenos?”

No con enojo, sino con miedo.

Miedo de perderme.

Miedo de ver a su única hija entrar en un mundo completamente desconocido.

Pero yo estaba decidida.

No era que no tuviera miedo —simplemente sabía que tenía que intentarlo.

La Casa que Me Formó

Mi primer trabajo fue una tormenta de responsabilidades:

Una casa grande.

Cuatro niños.

Gemelos recién nacidos.

Cocinar. Limpiar. Organizar.

Todo.

En mi primer día, me paralicé.

Le dije a la otra chica que trabajaba allí: “No puedo. Yo no sirvo para esto.”

Ella llevó el mensaje a su jefa, Silvana, quien respondió con la frase que definiría el resto de mi vida:

“En esta vida, no renuncias antes de intentarlo.

Dale una semana.”

Esa semana lo cambió todo.

Me quedé.

Aprendí.

Lloré.

Me adapté.

Y esa casa construyó los cimientos de la mujer y profesional en la que me convertiría.

Me enseñó disciplina, inteligencia emocional, rutina, paciencia y la verdad detrás del cuidado infantil:

Los niños crecen a través del amor, no del lujo.

A través de la presencia, no de la perfección.

España — Donde la Vocación se Volvió Identidad

Años después, me mudé a España.

Trabajé para otra familia con tres niños —de nuevo, incluyendo gemelos.

El salario apenas alcanzaba para sobrevivir, pero el hogar estaba lleno de bondad.

Ellos me ayudaron a legalizar mis papeles —un regalo por el que siempre estaré agradecida.

Durante ese tiempo estudié Educación Infantil, lo que me llevó a trabajar en guarderías.

Aprendí mucho…

pero también descubrí que no estaba hecha para el cuidado institucional.

El sistema se sentía frío.

El salario no correspondía a la responsabilidad.

La conexión emocional no era la misma.

Extrañaba ser parte de una familia.

Extrañaba criar a un niño, no supervisar un salón.

Fue entonces cuando entendí:

No estaba destinada a ser “una niñera”.

Estaba destinada a ser la persona en quien los padres confían su mundo entero.

Construyendo una Carrera Internacional — Hogar por Hogar, Niño por Niño

Nada ocurrió de repente.

Mi carrera se construyó lentamente, con intención, con una maleta y un corazón dispuesto a empezar de nuevo cada vez.

  • Madrid.
  • Barcelona.
  • Paris.
  • Miami.
  • New York.
  • Channel Islands.
  • Kansas.
  • London.

Y finalmente — Glasgow, mi base.

Cada ciudad me dio una nueva familia.

Cada familia me dio un nuevo niño al que amar.

Cada niño me dio una nueva razón para seguir en esta profesión.

Muchas de las familias pertenecían a entornos de alto perfil —futbolistas, ejecutivos, figuras públicas— pero eso nunca cambió mi propósito:

Mi trabajo siempre fue el amor, no el lujo.

Gemelos — La Especialización que No Busqué

Yo no elegí a los gemelos —los gemelos me eligieron a mí.

Cuatro pares en distintos países.

Cada uno me enseñó precisión, paciencia y presencia emocional.

Los gemelos exigen estructura.

Exigen tiempo.

Exigen calma.

Y te convierten en una mejor profesional lo quieras o no.

Los gemelos no solo me entrenaron;

me transformaron.

Por Qué los Padres Confiaban en Mí

La gente piensa que ser niñera es cambiar pañales, siestas o paseos en cochecito.

Eso es solo el 5%.

El verdadero trabajo es:

  • leer emociones que un niño aún no puede expresar
  • crear un ambiente seguro que sientan en los huesos
  • enseñarles confianza a través de la constancia
  • ser el adulto que escucha —que realmente escucha
  • formar un vínculo que influye en quiénes serán

Los padres sienten cuando alguien ama sinceramente a su hijo.

Por eso confiaron en mí.

Por eso me abrieron las puertas de sus casas y de sus vidas.

Por Qué Nunca Se Sintió Como un Trabajo

Durante más de una década, abrí los ojos cada mañana con ganas de trabajar —no por obligación, sino por amor.

Los niños no son “trabajo” para mí.

Son propósito.

Son alegría.

Son un regalo.

Sé que soy privilegiada —no por dinero, sino por vocación.

No todos tienen la suerte de dedicar sus días a algo que realmente aman.

Y por eso siempre digo:

Esto no es una profesión —es un llamado.

Mi Mensaje para Padres, Mujeres Jóvenes e Inmigrantes

Para los padres que buscan a la niñera correcta:

Una gran niñera no se encuentra en un CV.

Una gran niñera se encuentra en su corazón.

Para la joven inmigrante que cree que no puede construir una vida fuera:

Mira mi historia.

Yo comencé con nada excepto hambre, coraje y fe.

Para las mujeres jóvenes que consideran este camino:

Hazlo solo si tu alma tiene espacio para amar a un niño que no es tuyo.

Porque ese vínculo las moldeará a ambas.

Por Qué Glasgow Se Volvió Mi Hogar

Después de años moviéndome, el mundo me llevó a Glasgow —a una familia que elegí con todo mi corazón.

Sus niños son mi corazón.

Son mi hogar.

Son mi “por qué”.

Siempre agradeceré a cada niño que me formó — pero estos niños son mi familia.

Mi Propósito Ahora

Hoy, mi viaje ya no es solo mío.

Pertenece a las madres que necesitan guía.

A las chicas que sueñan con ser niñeras internacionales.

A los padres en entornos de alto perfil que necesitan a alguien de confianza.

A los inmigrantes que necesitan pruebas de que todo es posible.

Mi historia es un mapa.

Un testimonio.

Un recordatorio de que el trabajo correcto nunca se siente como trabajo.

Y que el amor —el amor real— es la formación más poderosa que una niñera puede tener.

Scroll al inicio

Private Consultation

For personalised assistance or wholesale enquiries, leave us a message and we’ll connect with you directly.